Una oficina puede parecer un entorno con pocos riesgos, pero en ella se concentran equipos tecnológicos, documentación, mobiliario y una actividad profesional que puede verse interrumpida por una fuga de agua, un robo, un incendio o una avería eléctrica.
El problema es que muchas empresas contratan el seguro como un simple trámite. Disponen de una póliza, pero no siempre de una protección adaptada a su realidad. Estos son algunos de los errores que conviene evitar.
Calcular mal el valor de los bienes
Al estimar el contenido de la oficina, es habitual pensar únicamente en mesas, sillas, ordenadores e impresoras. Sin embargo, también deberían valorarse pantallas, teléfonos, equipos de videoconferencia, servidores, dispositivos portátiles, sistemas de climatización propios y otros bienes adquiridos con el tiempo.
Una valoración demasiado baja puede provocar que la indemnización resulte insuficiente. Para evitarlo, conviene mantener un inventario actualizado y conservar facturas, fotografías o números de serie que permitan acreditar la existencia y el valor de los equipos.
Confiar en el seguro del propietario o de la comunidad
Cuando la oficina es alquilada o se encuentra en un edificio compartido, algunas empresas presuponen que el seguro del propietario o de la comunidad cubrirá cualquier daño.
Estas pólizas pueden proteger determinadas partes del inmueble, pero no necesariamente el mobiliario de la empresa, sus equipos, las reformas realizadas por el arrendatario o las consecuencias que el siniestro tenga sobre la actividad.
Por eso, es importante conocer qué asegura cada póliza y determinar qué elementos debe proteger directamente la empresa.
Confundir los daños tecnológicos con los riesgos digitales
El seguro de la oficina puede contemplar daños físicos en ordenadores y otros equipos por causas determinadas, pero eso no significa que cubra automáticamente un ciberataque, una filtración de información, un fraude digital o un secuestro de datos.
Las empresas necesitan combinar medidas preventivas, como copias de seguridad y controles de acceso, con una protección aseguradora adecuada a su dependencia tecnológica. El coste de sustituir un ordenador puede ser pequeño comparado con las consecuencias de perder la información que contiene.
Contratar una responsabilidad civil demasiado genérica
Una caída de un cliente o un daño causado desde las instalaciones puede dar lugar a una reclamación. No obstante, algunas empresas también están expuestas a perjuicios derivados de errores u omisiones durante la prestación de sus servicios.
No basta con comprobar que la póliza incluye responsabilidad civil. Hay que analizar qué modalidad se ha contratado, qué actividad aparece declarada y cuáles son sus límites y exclusiones. La cobertura relacionada con el uso de la oficina no siempre sustituye a una responsabilidad civil profesional.
Olvidar los equipos que salen de la oficina
Portátiles, teléfonos y otros dispositivos se utilizan durante visitas a clientes, desplazamientos o jornadas de teletrabajo. Una póliza diseñada para bienes que permanecen en una dirección concreta puede no responder de la misma forma cuando el robo o el daño ocurre fuera de ella.
También conviene identificar los equipos alquilados, financiados o pertenecientes a terceros. Si la forma de trabajar ha cambiado, el seguro debería reflejar esa nueva realidad.
Pensar solo en reparar los daños
Un siniestro importante no solo obliga a reponer equipos o reparar instalaciones. También puede impedir que la empresa trabaje durante varios días o semanas.
Mientras disminuyen los ingresos, continúan existiendo gastos como alquileres, nóminas o cuotas financieras. Por eso, puede ser necesario valorar coberturas de pérdida de beneficios, interrupción de la actividad y gastos extraordinarios para continuar trabajando desde otro lugar.
Estas garantías deben calcularse con atención. El periodo de indemnización y los importes asegurados tienen que corresponderse con el tiempo que la empresa necesitaría realmente para recuperar su actividad.
Renovar la póliza sin revisar la empresa
Las oficinas evolucionan. Se incorporan trabajadores, se compran equipos, se redistribuyen espacios y comienzan a prestarse nuevos servicios. Sin embargo, muchas pólizas se renuevan automáticamente sin comprobar esos cambios.
Una reforma, una mudanza, el aumento de la plantilla o una nueva actividad deberían motivar una revisión. También es importante verificar que las medidas de seguridad declaradas, como alarmas, cerraduras o sistemas de detección, coinciden con las que existen realmente.
Una protección adaptada a la oficina real
Asegurar correctamente una oficina exige conocer qué bienes contiene, dónde se utilizan los equipos, qué personas acceden a las instalaciones y qué consecuencias tendría una paralización de la actividad.
En Bureau Brokers analizamos cada empresa para detectar capitales desactualizados, carencias de cobertura o posibles duplicidades. El objetivo no es acumular garantías, sino conseguir que la póliza responda a la realidad del negocio cuando verdaderamente se necesita.


